Monday, December 4, 2023

The ultra-patriotic dance of Maduro's government, the right and the business community

Tribuna Popular Editorial

A spectacular and millionaire advertising campaign has been launched to raise the tarnished image of Nicolás Maduro, who so far -with or without his [self-marketed Capitan America-style] superhero costume- has failed miserably in the mission to guarantee decent living conditions to Venezuelans. 

In this latest episode, "Superbigote" [Super-Moustache] tries to recover the Essequibo territory from the clutches of transnational companies that have discovered rich oil and gas deposits. 

The curious thing about this clash is that, on this side of the river, there are also companies such as Chevron operating with guarantees similar to those offered in the times of the dictatorship of Juan Vicente Gómez. 

All eyes are on the consultative referendum of December 3. Chauvinism is the order of the day. Most of the factions of the right wing and the reactionary forces that dispute the control of the State with the government-PSUV have joined the call for the "defense" of the territory. There has been no lack of threats of "betrayal of the homeland" against those who do not jump on the bandwagon.

But, what is the supposed patriotism of the bourgeoisie all about? Why are apparent enemies shaking hands and shouting "the Essequibo is ours" in chorus? To answer these questions, it is necessary to make our way through the noise of the ultra-patriotic festivities and pay attention to the steps of the dance between the government and the forces of the opposition right wing. Then, we will see the seams of the so often touted "national unity". 

A few days before the consultation on the Essequibo territory, President Nicolás Maduro has gathered the National Council of Productive Economy "in National Unity", to announce that the state of Nueva Esparta [north east Venezuelan island] will become a Special Economic Zone. Center-right Accion Democratica jumped up and down with joy at the news. Lawmaker Luis Eduardo Martinez admitted that his party pressured so that this decree would not be delayed any longer, which will open the way to a "tax, tariff and labor regime" that will provide "facilities" for foreign private investment. Bravo, Superbigote! 

This was not the only good news brought by the head of state during the meeting: it turns out that Venezuela is also growing. The country will end November 2023 with nine quarters of "harmonious" growth.

This figure contrasts with the six consecutive quarters that the Venezuelan working class has not received a salary increase. 

We now understand why business leaders smile and rub their hands when the president predicts "a good end of the year". However, the capitalists want more and, with diligence, the president of the National Council of Commerce and Services (Consecomercio), Gustavo Valecillos, appeared before television cameras presenting "proposals for the country". It is a seven-point plan (we will only mention two of them): "market economy" and "adaptation of the labor law". The first one is clearly explained by the merchants' dome: "all goods and services must be traded at their real and true price, defined by supply and demand". 

On the second point there is misleading rhetoric. Valecillos tries to show his distress over the precarious situation of the workers in the face of the destruction of wages, but not even by chance does he propose measures to recuperate their purchasing power. He does not speak of wage indexation, nor of a basic basket of goods, but of "productivity" and, for this, the law must be modified (here the smiles appear again). 

These coincidences are nothing new. For a long time now, the government and the business leaders have been dancing to the same tune while [as the referendum slogan says,] the Venezuelan sun rises in the Essequibo.


 

*Editorial de Tribuna Popular* 

El baile patriotero del Gobierno, la derecha y el empresariado

Una espectacular y millonaria campaña publicitaria se ha puesto en marcha para levantar la deslucida imagen de Nicolás Maduro, que hasta ahora –con o sin disfraz de superhéroe– ha fracasado estrepitosamente en la misión de garantizar condiciones de vida digna a las y los venezolanos.

En este nuevo episodio, «Superbigote» intenta recuperar el territorio Esequibo de las garras de empresas transnacionales que han descubierto ricos yacimientos de petróleo y gas. Lo curioso de este choque es que, de este lado del río, también hay empresas como Chevron, operando con garantías similares a las que ofrecía en sus tiempos la dictadura de Juan Vicente Gómez. 

Las miradas están puestas en el referéndum consultivo de este 3 de diciembre. El chovinismo está a la orden del día. La mayor parte de las facciones de la derecha y la reacción que se disputan con el Gobierno-PSUV el control del Estado, se han sumado al llamado a la «defensa» del territorio. No han faltado las amenazas de «traición a la patria» sobre aquellos que no entren en el carril. 

Pero, ¿de qué va el supuesto patriotismo de la burguesía? ¿Por qué aparentes enemigos se dan la mano y gritan a coro «el Esequibo es nuestro»? Para contestar estas hay que abrirse paso entre la bulla de la fiesta patriotera y prestar atención a los movimientos del baile que mantienen el Gobierno y las fuerzas de la derecha opositora. Entonces, veremos las costuras de la tan mentada «Unidad Nacional». 

A pocos días de realizarse la consulta sobre el territorio Esequibo, el presidente Nicolás Maduro ha reunido al Consejo Nacional de Economía Productiva «en Unión Nacional», para anunciar que el estado Nueva Esparta pasa a ser una Zona Económica Especial. Los adecos han brincado en una pata de alegría con la noticia. El diputado Luis Eduardo Martínez admitió que su bancada presionó para que no se dilatara más este decreto, el cual abrirá paso a un «régimen tributario, arancelario y laboral» que dará «facilidades» para la inversión privada extranjera. ¡Bravo, Superbigote! 

Ésta no fue la única buena nueva que trajo el jefe de Estado durante el encuentro: resulta que también Venezuela crece. El país llega a noviembre de 2023 con nueve trimestres de crecimiento «armonioso».

Este dato contrasta con los seis trimestres consecutivos que la clase trabajadora venezolana lleva sin percibir un aumento salarial. Ya entendemos porqué los empresarios sonríen y se frotan las manos cuando el Primer Mandatario augura «un buen fin de año». Sin embargo, los capitalistas quieren más y, con diligencia, ha aparecido ante las cámaras de televisión, el presidente del Consejo Nacional del Comercio y los Servicios (Consecomercio), Gustavo Valecillos, presentando «propuestas para el país». 

Se trata de un plan de siete puntos; solamente mencionaremos dos de ellos: «economía de mercado» y «adecuación de la ley del trabajo». El primero es claramente explicado por la cúpula de comerciantes: «todos los bienes y servicios deben transarse por su precio real y verdadero, definido por la oferta y la demanda». Sobre el segundo punto hay una retórica engañosa. Valecillos se muestra acongojado por la precaria situación de las y los trabajadores ante la destrucción del salario, pero ni por casualidad propone medidas para recuperar su poder adquisitivo. No habla de indexación salarial, ni de canasta básica, sino de «productividad» y para ello, la ley debe ser modificada (aquí aparecen las sonrisas nuevamente). 

Estas coincidencias no son novedades; ya desde hace mucho, el Gobierno y las cúpulas empresariales bailan pegado la misma musiquita, mientras el sol de Venezuela nace en el Esequibo.

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